XV Conversación Clínica IFC Barcelona

Homosexuales en análisis

Con la participación de Jacques-Alain Miller

Barcelona, 7 y 8 de marzo de 2015

XV Conversacion Clinica

Freud señaló la ausencia de relación entre el sexo del individuo y su elección de objeto, y se opuso a todo determinismo innato sobre el tipo sexual. Distinguiendo entre el objeto y el fin sexual, descartó cualquier posibilidad de postular una sexualidad normativa. Por eso, con Freud, es necesario concluir que no hay más sexualidad que la desviada.

Por su parte, Lacan siempre se opuso a situar, al contrario que otros analistas de su época, la homosexualidad en el campo de la perversión y, con su aportación de la teoría de la sexuación, formuló que hombres y mujeres se distinguen por su modo de goce, independientemente de que sean homosexuales o heterosexuales.

Para los analistas es un hecho que los cambios operados en lo social, sobre la consideración de la homosexualidad, han traído también cambios a la clínica. Ya no encontramos "La homosexualidad de papá", usando un término de nuestro colega Hervé Castanet, 3 con su correlato de culpabilidad y rechazo, asociado a la esperanza de "normalizar" el deseo hacia la heterosexualidad.

Sin embargo el significante gay, erigido en significante amo, aligera y esclaviza al mismo tiempo. Como ha destacado J.-A. Miller, 4 el hecho de no adherirse a la comunidad gay, de rebelarse a ser capturado por sus ideales y sus prácticas, puede estar al origen, en nuestra época, de un sentimiento de culpabilidad en muchos homosexuales. El significante gay, con su pretensión totalizante, puede hacer obstáculo a la particularidad. No hay el "para todos" de la homosexualidad. Por eso el deseo homosexual no se puedes colectivizar. Se sitúa en la dimensión del uno por uno y, como ha señalado J.-A. Miller, 5 el alojamiento bajo el significante gay puede suponer una cesión sobre el propio deseo homosexual.

Actualmente las demandas de análisis de homosexuales son numerosas y diversas y comprobamos que la homosexualidad puede estar presente en todas las estructuras clínicas. Tiene, por supuesto, sus particularidades según los sexos.

Así, del lado de la homosexualidad masculina, como ha señalado Éric Laurent, "[…] bajo la apariencia de la relación a lo mismo, es la relación al Otro femenino lo que está en cuestión y divide al sujeto". 6 No hay, por lo tanto, simetría entre la homosexualidad femenina y la masculina, como no la hay entre homosexualidad y heterosexualidad. En este sentido, conviene tomar en cuenta la indicación de Lacan, en El atolondradicho, cuando dice: "Llamemos heterosexual, por definición, a lo que ama a las mujeres, cualquiera que sea su propio sexo. Así será más claro". 7

Éric Laurent nos apunta una posible clave de distribución entre la homosexualidad masculina y la femenina, cuando dice: "Si, del lado del hombre, es la identificación al falo muerto la que tiene una densidad particular, del lado lesbiana, las mujeres tienen una relación particular con el S (A/). Es por esto que estos sujetos pueden insistir más fácilmente sobre su diferencia, es decir presentarse como liberadas, en una especie de insostenible ligereza, de toda identificación". 8 Esto parece comprobarse en la clínica bajo el modo de una mayor variabilidad en la elección, a menudo no exclusiva y variable en el tiempo, en la homosexualidad femenina. Aquí encontramos, en ocasiones, que el elemento singular de la elección puede responder a la fórmula: "No me gustan las mujeres, me gusta esa mujer". La dimensión del amor puede estar especialmente privilegiada en la homosexualidad femenina, como un modo de suplir la inexistencia del significante del Otro sexo: si hay amor nada falta.

Planteamos de inicio, con Freud, que no es posible mantener la homosexualidad como una categoría, clase, o tipo clínico, entre otras razones porque no existe la homosexualidad, sino homosexualidades. Si esto ya era verdad en la época de Freud, lo es aún más en nuestra época, caracterizada por la extrema labilidad de los goces. Muchos interrogantes se abren.

Hoy podemos observar cómo algunos jóvenes pueden hacer una elección ocasional de goce homosexual sin que eso los divida o les otorgue necesariamente una identificación, y mucho menos un ser. Pero este consumo sexual, que no tiene demasiado en cuenta el sexo del otro, ¿también funciona cuando está en juego el deseo? Y con el amor, ¿también hay tanta labilidad, tanta indiferencia?

Si "hetero" es, como propuso Lacan, lo que ama a las mujeres, ¿debemos deducir que los "homo" no las amarían? No es lo que la clínica parece indicarnos, cuando no es raro encontrar en sujetos homosexuales, en ellos y sobre todo en ellas, un amor dirigido a figuras femeninas. Entonces, ¿qué es lo que se rechaza en la homosexualidad? Y más aún, ¿podemos seguir afirmando que la homosexualidad comporta un tipo de rechazo de la castración?

La pregunta ¿soy homosexual?, después de haber sido una cuestión que hacía temblar a los semblantes sociales, y que amenazaba al fantasma masculino tanto como al fantasma de la maternidad, hoy se ha rarificado en extremo. La cuestión que actualmente empuja a los homosexuales, ellos o ellas, a acudir al psicoanálisis no tiene que ver necesariamente con la homosexualidad. ¿Podríamos aislar algunos rasgos clínicos, específicos en los homosexuales, que los llevaría al análisis? Durante un tiempo los analistas de la orientación lacaniana sostuvimos que los homosexuales tenían dificultades con el amor, más que con el goce, pero ¿podemos seguir afirmándolo en la época del cénit del goce que caracteriza al parlêtre?

Son solo algunos de los interrogantes que la clínica psicoanalítica de los hombres que aman a los hombres y de las mujeres que aman a las mujeres nos plantean, una vez sobrepasada la época del sufrimiento por la elección de objeto. Pensamos esta conversación como la oportunidad de un progreso en la teoría y la clínica psicoanalítica sobre la actualidad homosexual.

Comisión de Organización:
Xavier Esqué, Mónica Marín, Rosalba Zaidel